Ideas que Inspiran

¡Ponete en acción y generarás un cambio!

¿Cómo hacer realidad los sueños?

Mi travesía hacia la maestría del YOYO

“Levántate, toma tu camilla y camina”

«Jesús no le cura en seguida en cuanto entra, sino que primero se hace su amigo y, por medio de preguntas, le presenta el camino de la fe, que habría de tomar después. Y sigue: “Y cuando Jesús vio que yacía aquel hombre y conoció que estaba ya hace mucho tiempo”, etc.

 

No le pregunta esto para saberlo, porque esto sería innecesario, sino para dar a conocer la paciencia del hombre en el espacio de treinta y ocho años y que todos los años acudía esperando quedar libre de su enfermedad, y para que conozcamos también la razón por qué, prescindiendo de los demás, se fijó en ese enfermo. Y no dice “si quieres, te curaré”, porque aun no esperaba cosa grande de Jesucristo. El enfermo no se turbó por la pregunta, ni dijo: “has venido a injuriarme, cuando me preguntas si quiero ser sano”, sino que le responde con mansedumbre.

 

Por esto sigue: “El enfermo le respondió: Señor, no tengo a nadie que me sumerja…”. No había conocido quién era el que preguntaba, ni que podría curarle; únicamente creía que Jesucristo serviría para introducirle en el agua. Pero el Señor le manifestó que todo podía hacerlo con su palabra. Por esto sigue: “Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda”. Véase aquí la superabundancia de la sabiduría divina, que no sólo cura, sino que le manda llevar el lecho, para que se vea que era verdadero el milagro y para que ninguno creyese que era falso lo que había sucedido».

 

 

San Juan Crisóstomo

0