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Lo bueno que hay en vos

 

 

Te cuento que en un invierno

algún invierno del alma, ya sabés,

en que peleás con vos mismo,

en que tu anulas, y en vos nada bueno ves,

 

Vino al rescate un hermano

viéndome ciego de mí, se compadeció

“Dejá a los otros –me dijo-

que encuentren y tomen lo bueno que hay en vos”,

 

Lo bueno que hay en vos,

Ese milagro único que sos,

Misterio que hay en vos,

Tu manantial que nos fluye desde Dios.

 

Lo buenos que hay en vos,

Que a veces está oculto para vos,

Lo hermoso que hay en vos,

Deja que tomen lo bueno

Que hay en vos,

Lo bueno que hay,

en cada cual, y en mí y en vos.

 

Herida y sin aceptarse,

Tu alma baja a su sótano, y allí

Olvida el bien de su vida,

no hay nada digno de ser amado en mí.

 

Amnesia autodestructiva,

que el amor y la memoria podrán curar.

Memoria de tantos bienes

amor que se alegra y comparte la vida que hay.

 

Cuando esa niebla te pierda,

cuando parezca que sólo, a tu alrededor,

sea lícito el pesimismo,

y vale muy poco una vida y ya No es un don.

 

Dejame ir a tu rescate,

cuando esa nada ahogue tu corazón,

sean mis ojos tu espejo,

y vuelvas a ver lo valioso que hay en vos.

Te cuento que en un invierno

algún invierno del alma, ya sabés,

en que peleás con vos mismo,

en que tu anulas, y en vos nada bueno ves,

 

Vino al rescate un hermano

viéndome ciego de mí, se compadeció

“Dejá a los otros –me dijo-

que encuentren y tomen lo bueno que hay en vos”,

 

Lo bueno que hay en vos,

Ese milagro único que sos,

Misterio que hay en vos,

Tu manantial que nos fluye desde Dios.

 

Lo buenos que hay en vos,

Que a veces está oculto para vos,

Lo hermoso que hay en vos,

Deja que tomen lo bueno

Que hay en vos,

Lo bueno que hay,

en cada cual, y en mí y en vos.

 

Herida y sin aceptarse,

Tu alma baja a su sótano, y allí

Olvida el bien de su vida,

no hay nada digno de ser amado en mí.

 

Amnesia autodestructiva,

que el amor y la memoria podrán curar.

Memoria de tantos bienes

amor que se alegra y comparte la vida que hay.

 

Cuando esa niebla te pierda,

cuando parezca que sólo, a tu alrededor,

sea lícito el pesimismo,

y vale muy poco una vida y ya No es un don.

 

Dejame ir a tu rescate,

cuando esa nada ahogue tu corazón,

sean mis ojos tu espejo,

y vuelvas a ver lo valioso que hay en vos.

 
 
P. Eduardo Meana
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