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¿Cómo hacer realidad los sueños?

Evangelio según San Juan 20,19-31.

P Sebastián García | 23/04/2017 | 9.457 vistas

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".

 

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".

 

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".

 

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".

 

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

 

 

Palabra de Dios

 

 

 

 

 


P. Sebastían García sacerdote de la congregación Sagrado Corazón de Jesús de Betharrám. 

 

 

 

 

 

El evangelio de hoy nos revela la dinámica pascual que va tiendo este tiempo que vivimos en la Iglesia y nos presenta un modelo de creyente-discípulo que es Tomás, uno de los doce. El texto nos dice que Jesús se presenta, él no está y a la vez siguiente, ahora sí estando Tomás, ve a Jesús y cree en Él. Tomás es el prototipo de discípulo que se mueve en la lógica del “ver para creer”. Sin embargo, Jesús, llama nada más ni nada menos que “¡Felices!” a los que no viendo, crean.

 

Esto ciertamente nos puede parecer raro o por lo menos paradójico. Per va muy de la mano con la mentalidad del mundo con la que muchos de nosotros hoy en día vivimos. En la premura del día a día de todos los días, corriendo atrás de las cosas y muchas veces sin tiempo para casi nada, vertimos nuestra existencia en vértigo y vorágine. Esto no solo nos hace correr detrás de las cosas, sino que son sumerge en un profundo materialismo: si yo no veo, no creo. Tengo que ver, palpar, oír, sentir, presenciar las cosas para que esas cosas sean dignas de fe. Es el mundo hipermoderno donde todo es líquido, virtual, mediado, pero que a la vez nos lleva a considerar como ciertas las cosas que podemos ver, que podemos escuchar, que podemos medir, que podemos en definitiva manejar. Ahí nos sentimos seguros. Cuando creemos que podemos manejar y manipular las cosas que nos entran por los sentidos. Y ahí le encontramos respuesta o explicación a otro. Es lo que podemos llamar el mundo de la inmanencia. Tomás es de esta clase de persona. Es el que necesita “pruebas” para poder confirmar si va a creer o no.

 

 

En cambio Jesús nos invita en esta Pascua a poder convertirnos y cambiar el paradigma: ya no movernos en el “ver para creer” tan propio de Tomás, nosotros y el mundo hipermoderno en el que nos vivimos y existimos, sino pasar –y eso significa la palabra Pascua- al “creer para ver”. Esto nos puede parecer insólito. Hasta absurdo, podría pensar alguno. O ingenuo, dirá uno al pasar.

 

 

Lo cierto es que hay cosas que vivimos en nuestra vida cotidiana, también del día a día de todos los días, que no se pueden ver, escuchar, palpar, medir ni ponderar científicamente. Por ejemplo la amistad. El amor. La pasión. El estar enamorado. El dolor y el sufrimiento. La angustia. Los recuerdos. La memoria. Las emociones. Los sentimientos. Todo esto “no se ve” a primera vista. Y muchas veces se ven luego de creer en ellos. Para “ver” la respuesta por sí o por no (rebote terrible) de ese chico o esa chica que me gusta, tengo que creer, tengo que tener fe, tengo que confiar. ¿O no? Eso que pareciera una cosa chiquita tiene para nosotros una relevancia muy importante: hay cosas que no puedo medir, no puedo mensurar, no puedo manipular, no puedo manejar a mi modo y a mi manera.

 

 

De este modo entendemos que hay cosas que están más allá de nuestros sentidos y más allá de nosotros mismos. Cosas que no podemos manejar y así nos sacan de la inmanencia. Pascua es también ir entrando en la lógica del Evangelio predicado por Jesús, mirando como mira Jesús y amando como Él ama. Para pasar de la inmanencia a la trascendencia tenemos que cambiar nuestra mentalidad, nuestra lógica y nuestra modo de vivir. Pascua será pasar del “ver para creer” al “creer para ver”: porque tengo fe en Jesús, en su prédica, en los valores y en cosas que no se pueden “ver”, prefiero elegir el camino de la fe y la confianza para que Jesús me abra los ojos y por medio de su gracia, aprenda a ver.

 

 

¡Lindo desafío este! Es es lo que nos enseña el evangelio de este domingo: cambiar nuestra mentalidad para pasar del “ver para creer” al “creer para ver”

 

 

Hermano y hermana, que tengas un lindo domingo en esta Pascua y que Jesús te conceda la gracia de todo corazón.

 

 

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