Háblame, Señor

Habla, Señor

qué tu siervo escucha.

Tú tienes palabras de vida eterna.

Háblame

para que mi alma se vea reconfortada

y encauce mi vida

para alabanza tuya,

por tu gloria

y en tu infinito amor.

 

Amén.

 

Tomás de Kempis

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