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Aceptarse, sentirse amado

Aceptarte es aceptar lo que está dentro tuyo. San Agustín, padre de la Iglesia, dijo: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto, hasta que descanse en Ti”. Él que a los 33 años se convirtió siendo uno de los oradores más grandes del imperio romano, que tenía mujeres, dinero, fama, todo lo que el mundo en ese momento le podía ofrecer como aspiración a una persona. Sin embargo, no se halló. No se encontró. No pudo amarse, no pudo enorgullecerse de todo eso, porque antes no había amado a quien primero lo amó: Dios. 

 

“Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti.” le dice Agustín al Señor. Todas esas cosas hermosas a las que el corría, en todas ellas quería satisfacerse, sin embargo, no estaba ahí ese anhelo, sino en el mismo. Y cuando se dio cuenta de que amando a Dios podía amarse ya no necesitó más. “Tarde te amé” le termina diciendo casi como un lamento, tarde, tanto tiempo perdido, pero se dejó encontrar por esa hermosura, por el Amor de los amores, para él tarde, pero para Dios justo a tiempo.


Poné tu nombre en el de Agustín y pensá en tu historia, en todas las cosas bellas que Dios te ha regalado en tu vida, en todas las veces que escuchaste hablar de él, como Agustín escuchaba a Mónica, su madre, y te hacías el sordo. Todas las veces que huiste, que caíste en oscuridades, que te alejaste tanto del Señor que pensaste que solo podías, que aquella historia de Cristo dando la vida por vos era un cuento. Pensá en aquella persona que como Mónica nunca dejó de rezar por vos. Y pregúntate ¿Hasta cuándo voy a seguir escapando? ¿Por qué no me amo? ¿Por qué no me dejo amar?


Hace poco vi una película, Las ventajas de ser invisible, que tenía una frase muy llamativa “Aceptamos el amor que creemos merecer”, como si existieran tipos de amores, algunos buenos y otros malos y no, no creo que eso sea amor, el amor como nos enseña San Pablo en la biblia es mucho más grande y perfecto de lo que humanamente podemos entender o reconocer (Cor 13). Pero en lugar de ese amor se reciben otras cosas que quieren ocupar ese lugar. Recibís placer, adrenalina, diversión -de diferentes formas- que hacen sentir bien, pero que pasan y el vacío vuelve. ¿Qué andás aceptando si no es amor?


No importa lo que hagas o a quien culpes o si incluso te culpas a vos mismo, porque muy dentro vos sabes que la respuesta está allí mismo. Acordate cuando eras un niño, cuando antes de dormir le rezabas al ángel de la guarda, cuando con inocencia en Navidad mirabas con ternura a ese Jesús recién nacido. Todo sigue ahí, bien adentro tuyo.  

 

Ese Amor que necesitas, siempre ha estado con vos, esperando a que lo aceptes y así te aceptes de una vez. En la puerta de tu corazón llama y te espera. (Ap 3,20).

Aceptarse no es mirarse al espejo y sentirse lindo, aceptarse es mirarse y sentirse amado.

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