Quién tiene a Jesús lo tiene todo

Despreciando los gozos de este mundo,

de Jesús he quedado prisionera.

Todo placer fugaz lo considero,

¡Tú eres, Señor, el Bien que me contenta…!

Bajo mis pies la hierba queda ajada,

¡las flores en mi mano se marchitan…!

¡Quiero correr, Jesús, por tus praderas,

donde los pies no marcan cuando pisan!

Tu amor sólo es, Jesús, el que me atrae.

Mi rebaño abandono en la llanura,

en guardarlo ya no pongo cuidado

sólo un nuevo Cordero mi alma gusta.

Jesús, Tú eres mi Cordero amado.

¡Tan sólo tú me bastas, Bien supremo!

¡Todo lo tengo en ti: la tierra, el cielo!

¡Eres mi Flor selecta, oh Rey eterno…!

Tengo en ti el esplendor del universo:

El arcoíris, la nieve inmaculada,

las lueñes islas…, las maduras mieses,

la primavera, el campo en las mañanas.

Tengo los barcos que huyen de la playa,

el surco de oro y la tranquila costa,

y la brasa del sol, cuando las nubes

de luz crepuscular platea y dora.

Tú que los mundos tienes en tu mano,

tú que plantas las selvas imposibles,

y de un golpe de vista las fecundas,

¡con mirada de amor siempre me sigues…!

Por la luz de las llamas atraída,

la mariposa en fuego se consume;

Así, tu amor, Jesús, mi alma atrae.

¡Quiero volar y arder en esa lumbre…!

Oigo ya, mi Señor, que se aproxima

la bienandanza de tu eterna fiesta…

Tomaré de los sauces mi arpa muda,

iré a sentarme muy cerca de ti,

¡y, en ti mis ojos, pulsaré sus cuerdas…!

Contigo, yo contemplaré a María,

los santos, mi familia tan amada…

¡Después de este destierro encontraré

el Hogar paternal allá en la Patria…!

 

Poesía n° 18 bis “Quién tiene a Jesús lo tiene todo” Santa Teresita del niño Jesús y de la santa faz.

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