¿Por qué es importante ir a misa los domingos?

22/11/2017 - Francisco propuso la tercera catequesis de su nuevo ciclo de reflexiones centrada en la eucaristía, el “corazón” de la Iglesia, de la que se puede decir que “es el memorial del Misterio Pascual de Cristo, que él llevó a cumplimiento con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo, y que nos hace partícipes de su victoria sobre el pecado y la muerte”.

 

Así, invitó a los presentes a reflexionar sobre ir a la Misa y su relación con Cristo: “Usemos la imaginación, si nosotros vamos al Calvario, sabemos que ese hombre que está ahí (en la Cruz) es Jesús. Entonces,  ¿seríamos capaces de chismorrear, de hacer fotos, de hacer espectáculo? ¡No, porque es Jesús. Nosotros seguro que estaríamos en silencio, llorando y también reviviendo la  alegría de ser salvados!”

 

“Cuando nosotros entramos en la Iglesia pensemos esto: ‘Entro al Calvario, donde Jesús da su vida por mí. Y así, termina el espectáculo, el chismorrear, los comentarios y esas cosas que nos alejan de esta cosa tan linda que es la Misa; el triunfo de Jesús”, agregó. 

 

 

 

 

La misa, "un rayo de aquel sol sin ocaso que es Cristo"

 

Hablando en italiano, el Papa afirmó que para comprender el valor de la Misa debemos entender ante todo el significado bíblico de la palabra “memorial”; que no significa sólo recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino que los vuelve, en cierto modo, presentes y actuales.

 

Después de recordar que Jesucristo, con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo ha llevado a cumplimiento la Pascua, el Papa dijo que la Misa es, precisamente, el memorial de su Pascua, del “éxodo” que realizó por nosotros para hacernos salir de la esclavitud y llevarnos a la tierra prometida de la vida eterna.

 

De manera que "la Eucaristía nos conduce siempre al culmen de la acción de salvación de Dios. Sí, porque el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, derrama toda su misericordia y su amor, tal como lo hizo en la cruz, renovando así nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con nuestros hermanos".

 

Tras referirse a la Constitución dogmática “Lumen Gentium” del Concilio Vaticano II sobre la obra de nuestra redención que se realiza cada vez que el sacrificio de la cruz se celebra en el altar, el Papa Francisco explicó que cada celebración eucarística “es un rayo de aquel sol sin ocaso que es Jesucristo resucitado”. De ahí que participar en la Misa, especialmente el domingo, significa entrar en la victoria del Resucitado, ser iluminados por su luz y reconfortados por su calor.

 

Por otra parte, el Obispo de Roma manifestó que a través de la celebración eucarística el Espíritu Santo “nos hace partícipes de la vida divina que es capaz de transfigurar todo nuestro ser mortal”. En efecto – prosiguió – “en su paso de la muerte a la vida, del tiempo a la eternidad, el Señor Jesús también nos arrastra a nosotros para hacer la Pascua con Él”. Y – añadió – en la Misa nos unimos a Él, es más, Cristo vive en nosotros y nosotros vivimos en Él, tal como afirma San Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”  (Gal 2,19-20).

 

Hacia el final de su catequesis Francisco dijo que la sangre de Cristo nos libera de la muerte y del miedo a la muerte. Nos libera no sólo del dominio de la muerte física, sino de la muerte espiritual que es el pecado. Por esta razón – terminó diciendo el Papa – en la Eucaristía, Él quiere comunicarnos su amor pascual y victorioso. Y si lo recibimos con fe, también nosotros podemos amar verdaderamente a Dios y al próximo, podemos amar como Él nos ha amado a nosotros, dando la vida.

 

 

   

Resumen de la catequesis

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Continuando con la catequesis sobre la Santa Misa, podemos decir que es el memorial del Misterio Pascual de Cristo, que él llevó a cumplimiento con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo, y que nos hace partícipes de su victoria sobre el pecado y la muerte. Así, la Eucaristía hace presente el sacrificio que Cristo ofreció, una vez para siempre, en la cruz y que permanece perennemente actual, realizando la obra de nuestra redención.

 

En la Misa, el Señor Jesús, haciéndose «pan partido» por amor a nosotros, se nos da y nos comunica toda su misericordia y su amor, renovando nuestro corazón, nuestra vida y nuestras relaciones con él y con los hermanos. A través de la celebración eucarística, la acción del Espíritu Santo nos hace partícipes de la misma vida de Dios, que transforma todo nuestro ser mortal y nos llena de su eternidad.

 

Con la Eucaristía Jesús nos libra de la muerte física y del miedo a morir, como también de la muerte espiritual, que es el mal y el pecado. La participación en este sacramento, que nos llena de la plenitud de su vida, nos hace decir con san Pablo: «vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» ( Ga 2,20). Por ello, para el cristiano es vital participar en la Eucaristía, especialmente el domingo, puesto que nos permite unirnos a Cristo, tomando parte de su victoria sobre la muerte y gozar de los bienes de la resurrección.

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