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"Nadie es olvidado en la Plegaria eucarística"

07/03/2018 – En la audiencia general de hoy el Papa Francisco centró su  catequesis en oración Eucarística.

 

 

El Papa presidió la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano, y en la primera parte de la catequesis que impartió en italiano, tras oír junto a los fieles el pasaje de la Carta de san Pablo a los Corintios, capítulo 11, versículos 23 al 25, profundizó sobre la solemnidad de dicha oración:

 

“Con esta oración, la Iglesia expresa lo que cumple cuando celebra la Eucaristía y el motivo por el que lo celebra, es decir, para hacer que la comunión con Cristo esté verdaderamente presente en el pan y el vino consagrados”, explicó Francisco.

 

En nuestro idioma precisó que “la Plegaria eucarística, oración de acción de gracias y de consagración, que constituye el momento central de la celebración de la Misa, corresponde a cuanto el Señor mismo realizó en la Ultima Cena, cuando instituyó el sacrificio y convite pascual, por medio del cual el sacrificio de la cruz se hace continuamente presente en la Iglesia”. Y añadió que “en esta solemne Plegaria, la Iglesia expresa lo que cumple cuando celebra la Eucaristía, es decir, que todos los fieles se unan con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio”.

 

Después de invitar al pueblo a levantar sus corazones al Señor y darle las gracias, el sacerdote pronuncia la Oración en voz alta, en nombre de todos los presentes, dirigiéndose al Padre a través de Jesucristo en el Espíritu Santo: “El sentido de esta oración es que toda la asamblea de los fieles se una con Cristo en la confesión de las maravillas de Dios y en la ofrenda del sacrificio” dijo Francisco citando el Misal Romano, subrayando, asimismo, que “para unirse a Cristo el pueblo debe comprender”.

 

“En verdad, citando también el catecismo de la Iglesia católica – el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio”, dijo el Papa.

 

“En el Misal hay varias fórmulas de Plegaria eucarística, configuradas por diversos elementos característicos: El Prefacio, acción de gracias por los dones de Dios, especialmente por habernos enviado a su Hijo como Salvador, y que se concluye con la aclamación del «Santo»”.

 

“¡Es bello cantar el Santo!”, exclamó en italiano. “Toda la Asamblea une la propia voz a la de los ángeles  de los santos para alabar y glorificar a Dios”.

 

“Sigue la Epíclesis, o invocación del Espíritu Santo, que con su acción y la eficacia de las palabras de Cristo, pronunciadas por el sacerdote, hacen realmente presente, bajo las especies del pan y del vino, su Cuerpo y su Sangre, Sacramento de nuestra fe”. Y en este mismo punto, en la catequesis en italiano, el Papa se detuvo para reafirmar que ha sido el mismo Jesús, tal como narrado por el Apóstol Pablo en la carta a los Corintios, quien dijo las palabras: “éste es mi Cuerpo, ésta es mi Sangre”, y que, por lo tanto, “no debemos tener pensamientos raros”, del tipo, “cómo es que una cosa que… es el cuerpo de Jesús, ha terminado allí?”. Aclaró pues, que en este momento, viene la fe a “ayudarnos a creer”: “es el «misterio de la fe», como decimos tras la consagración”, expresó.

 

Así es como, celebrando el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, en espera de su regreso glorioso, la Iglesia ofrece al Padre el sacrificio que une el cielo y la tierra: “La Iglesia quiere unirnos a Cristo y volverse con Él un solo cuerpo y un solo espíritu”. “Y eso es el misterio de Comunión”.

 

“Se continúa pidiendo a Dios que congregue a todos sus hijos en la perfección del amor, en comunión con toda la Iglesia. Y en la súplica se ruega por todos, vivos y difuntos, en espera de participar en la herencia eterna, junto con la Virgen y todos los santos. En esta Plegaria nadie ni nada se olvida, sino que todo viene reconducido a Dios en Cristo, como proclama la Doxología que la concluye”.

 

El Papa subrayó que nadie es olvidado en la Plegaria eucarística, y señaló que si tenemos alguna persona, parientes o amigos que lo necesitan, o que han pasado de este mundo a otro, podemos nombrarlos, interiormente y en silencio, o hacer escribir para que el nombre sea dicho. Y esto “no debe ser pagado”, aseguró, porque “la redención es gratuita”.

 

En los saludos a los fieles en las distintas lenguas, y concluyendo la catequesis en nuestro idioma, deseó que el Señor nos conceda hacer de nuestra vida una «Eucaristía», que sea acción de gracias, don de amor y de comunión.

 

 

Fuente: Vatican News

 

 

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