Evangelio según San Juan 3,14-21

P Sebastián García | 11/03/2018 | 19.379 vistas

Dijo Jesús: 

 

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. 

 

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.  Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» 

 

El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 

 

En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.  Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. 

 


 

P. Sebastián García sacerdote del Sagrado Corazón de Betharram

 

 

 

 

En medio de esta Cuaresma, la liturgia nos regala este texto de San Juan donde se nos anuncia la mejor noticia que podemos  tener y vivir: Dios Padre nos ama tanto que nos regala a Jesús, su Hijo Único para que por medio de Él no sólo nuestra vida tenga sentido sino que podamos tener Vida verdadera. ¡Esta es la Buena Noticia! ¡Y se llama Jesús! Lo mejor que Dios nos podía dar es Jesús, su Hijo y Hermano nuestro que se hace uno de nosotros por amor y nos salva del pecado, nos da Vida nueva.

 

 

Pero… ¿de qué se trata esta Vida con mayúsculas? Porque todos los hombres parecen que tienen vida. Los muertos son aquellos que ya no viven. Entonces… ¿de qué habla Jesús? ¿a qué se refiere con Vida? 

 

 

Lo primero que tenemos que decir es que la Vida que nos regala el Espíritu de Jesús, que también manda el Padre no es la mera vida común y corriente de todos los días que tenemos todos los varones y mujeres que andamos a diario los caminos de este mundo. No es la vida común, el respirar, así como gestarse, nacer, crecer, reproducirse y morir. Eso es el ciclo vital al cual todos estamos sujetos. Todos incluso sabemos que un buen día vamos a morir. Todos los hombres mueren, pero no todos realmente viven… Por eso, la Vida de Jesús es más que un proceso vital. Es que nuestro corazón lata al ritmo de su Corazón para tener sus mismos sentimientos y así se convierta en nuestro modelo, nuestro incentivo y nuestro atractivo. Que todo lo que hagamos, pensemos y vivimos sea poseídos por el Espíritu de Jesús. Eso es verdaderamente Vivir, eso es tener Vida, la misma que Jesús nos regala y se convierte en Buena Noticia. 

 

 

Es por eso que en medio de esta Cuaresma nos llenamos de alegría y nos sentimos amados por Dios que nos regala esta Buena Noticia. Y vale la pena festejar. Contagiar la alegría de haber recibido la misma Vida de Jesús y poder tener en nuestro corazón los sentimientos de su Corazón. Esto también es parte del proceso de conversión cuaresmal: pedir la gracia de que mi corazón sea cada vez más parecido al Corazón de Jesús para mirar como Él mira, escuchar como Él escucha, abrazar como Él nos abraza. De nada nos sirve una triste cuaresma de cabezas bajas y presuntamente penitenciales cuando el corazón se nos va enquistando, cerrando, haciendo de piedra y pierde la Buena Noticia de la Vida Nueva de Jesús. 

 

 

Por eso creo que hoy es una hermosa oportunidad para rezar y ver cómo es que Dios me regala esta Buena Noticia que es Jesús, su Vida Nueva y sobre todo, si se nos nota. Sí. porque creo que a muchos de nosotros el mundo nos mira la cara y se pregunta: “Miralos… Y entonces, ¿cuál es la Buena Noticia?” Muchos hermanos no leen otro evangelio que la vida de cada uno de nosotros, nuestros actos sobre todo. Y entonces me pregunto y te pregunto: ¿se nos nota la alegría de tener buenas noticias para anunciar? ¿Tenemos algo lindo para gritarle sanamente al mundo para que salga de su mentalidad de consumismo y cultura del descarte? ¿Habrá alguna alegría que anunciar a aquellos a quienes le han robado, manoseado y maltratado la alegría? 

 

 

Porque creo que es por ahí por donde tenemos que empezar: anunciar primero que todos la alegría del Evangelio, lo que significa creer en Jesús, la Buena Noticia del Reino; y después vendrá todo lo otro: los dogmas, los cánones, el catecismo, los mandamientos, las rúbricas… ¡Primero Jesús y la alegría de creer en Él! después todo lo otro. 

 

 

De esa manera vamos a ser dignos portadores de la Vida de Jesús, que no es Vida para guardarse celosamente para uno. Porque es como el agua: si no corre, se comparte, se sirve, entonces se pudre. La Vida de Jesús me desconcierta, rompe la mera lógica humana, me desinstala, me apura, me interpela, me saca de la lógica del confort y del “sálvese quien pueda”, me hace creer que Dios no bendice a los buenos que se portan bien con el éxito y castiga a los que se portan mal con el fracaso. Me hace enfocar las cosas en su justa medida y me pone en salida para recibir la vida como viene, incluso destartalada de tantos hermanos que sufren. 

 

 

¡Qué bueno poder celebrar este domingo que Dios no quiere que el mundo se condene sino que se salve y todo eso nos lo regala Jesús! Ojalá lo podamos gritar con nuestra vida y así ser escándalo para la Cultura de la Muerte y sus negociantes. 

 

 

Que tengas un lindo domingo de encuentro con la Vida de Jesús y se la compartas a todos tus hermanos.    

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