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“La fuente bautismal es el lugar en el que se hace Pascua con Cristo”

09/05/2018 – El Papa Francisco en su catequesis de hoy, en la Audiencia General, para ahondar en la explicación del sacramento del Bautismo, dijo que “La fuente bautismal es el lugar en el que se hace Pascua con Cristo”. El Papa visualizó este lugar sagrado, lugar donde” se entierra al hombre viejo para que renazca una creatura nueva”, y recordó para ello la explicación de san Cirilo de Jerusalén a los nuevos bautizados: “En el mismo momento han muerto y han nacido, y aquella agua llegó a ser para ustedes sepulcro y madre” (n 20, Mistagógica 2, 4-6: Pág. 33, 1079-1082).

 

El Santo Padre remarcó la importancia de las imágenes de la tumba y del seno materno, de san Cirilo, referidas a la fuente bautismal, para explicar la grandiosidad de lo que sucede a través de simples gestos del Bautismo.

 

“La madre Iglesia da a luz en el agua, con un parto virginal, a los que ha concebido por obra del espíritu divino”: en relación a esta frase inscripta en el baptisterio de san Juan de Letrán y que se atribuye al Papa Sixto III, el Papa proclamó su belleza: la de la Iglesia que nos hace nacer, la Iglesia que es vientre, es madre nuestra a través del Bautismo”.

 

Con “el lavacro santo acompañado de la invocación a la Santísima Trinidad”, el hombre viejo se sepulta para que renazca una creatura nueva. “Morimos y nacemos en el mismo instante, pues la fuente bautismal se convierte en sepulcro y en madre. Estas dos imágenes manifiestan la grandeza de lo que sucede por medio de los gestos sencillos del bautismo”.

 

Sucesivamente recordó las palabras del Padre, «tú eres mi hijo amado», para reiterar que una vez que nos hemos convertido en hijos suyos, en Jesús, lo somos “para siempre”. Y citando el Catecismo de la Iglesia católica aseguró que se trata de un sello espiritual imborrable:

 

“Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvación”. 

 

En la catequesis que impartió en español, Francisco  resumió de este modo: “Nuestros padres nos generaron a la vida terrena; la Iglesia, en el Bautismo, nos regenera a la vida eterna, haciéndonos hijos de Dios para siempre. Por eso, también sobre cada uno de nosotros, renacidos del agua y del Espíritu Santo, el Padre dice amorosamente: «Tú eres mi hijo amado» (cf. Mt 3,17). El bautismo no se repite porque imprime un sello sacramental indeleble que el pecado no puede borrar, pero sí impedir que dé frutos de salvación”.

 

“¡El sello del Bautismo no se pierde jamás!”, añadió dejando los papeles de lado. Y a los fieles en la plaza presentó una suposición: “‘Pero, padre, si una persona si una persona se convierte en un bandido de los más famosos, que mata a la gente, que comete injusticias… ¿el sello se va?’ No”. “Continúa siendo un hijo de Dios, que va en contra de Dios”; “Dios nunca niega a sus hijos”.

 

El Obispo de Roma siguió desglosando el rito del Bautismo, y habló del paso sucesivo, a saber, el de la unción con el santo crisma, que es “signo del sacerdocio real del bautizado y de su agregación a la comunidad del pueblo de Dios”:

 

“La unción crismal, nos conforma a Cristo Sacerdote, Profeta y Rey. Por eso, todo el Pueblo de Dios, animado por el Espíritu Santo, participa de esas funciones, y tiene la responsabilidad de misión y servicio que de ellas deriva”.

 

“¿Y qué significa participar en el sacerdocio real y profético de Dios?”, añadió. “Significa hacer de sí mismos una ofrenda agradable a Dios, dando testimonio a través de una vida de fe y de caridad, al servicio de los demás, tras el ejemplo del Señor Jesús”.

 

En los saludos que impartió a los fieles el Papa invitó a los peregrinos de lengua española “a considerar la grandeza de la vocación cristiana que recibimos en el bautismo, y vivirla unidos a Cristo en la Iglesia, de modo que pueda dar frutos abundantes en una vida de fe y de caridad, al servicio de los hermanos”, mientras que a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados, haciendo presente que estamos en el mes mariano, les pidió que cultiven la devoción a la Virgen como  Madre de Dios, rezando el Santo Rosario, para que “acogiendo los misterios de Cristo en sus vidas, puedan ser cada vez más un don de amor para todos”.

 

 

 

 

 

Fuente: Vatican News

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