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Evangelio según San Mateo 10,1-7

P Matias Burgui | 11/07/2018 | 643 vistas

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.


A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. "Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

 

Palabra de Dios

 

 

 

 

 


 

P. Matías Burgui, sacerdote de la Arquidiócesis de Bahía Blanca

 

 

 

Con la Palabra de hoy comenzamos un nuevo capítulo del evangelio según san Mateo que nos viene acompañando en este tiempo durante el año; Mateo 10, del 1 al 7. Compartimos este pasaje que nos muestra a Jesús que llama a los doce Apóstoles, a los discípulos, a aquellos que lo iban a seguir más de cerca para luego tener una misión de anuncio de la Buena Noticia. El Señor invita y propone un camino a esta gente no porque sean santos, porque sean los mejores o los más preparados, nada de eso. Él encontró en ellos una disposición al seguimiento. Es muy importante descubrir esto y poderlo aterrizar en nuestras vidas porque ni a vos ni a mí Jesús nos va a llamar por nuestros propios méritos. Dios no te llama porque seas desde ahora santo o porque seas bueno o porque sobresalgas en algo, sino porque te ama y espera encontrar en vos una disposición al seguimiento. Por eso el centro del llamado y la iniciativa la tiene siempre Jesús; nosotros respondemos desde la fuerza que nos da la fe: acá estoy, Señor, con mi alegrías y mis tristezas, con mis virtudes y mis defectos, con lo que soy y con lo que tengo. Así que hoy no te quedés buscando problemas a las soluciones, no esperes a que todo se acomode en tu vida para acercarte a Dios. Acercate y vas a ver cómo de a poco Él te va a ir acomodando todo. Pedile al Señor que te aumente la fe para poder responder en serio y no en serie. Acordate: Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Amá lo que sos y tus circunstancias porque el Señor cree en vos.


Dice el evangelio que a los Apóstoles les dio el poder de expulsar espíritus impuros y de curar. El Señor les dio un poder tremendo. Es el poder que tiene nuestra madre la Iglesia, es el poder que tienen los sacerdotes, que estamos llamados a ser instrumentos del amor y la misericordia de Dios, es el poder que tiene cada bautizado de vivir la presencia de Dios en su vida, la gracia de Dios actuando. Por eso, el llamado que Jesús hoy te hace es personal, porque te llama por tu nombre, pero también es misión. Una misión que te pide, que te suplica que, de una vez por todas, te animes a salir de vos mismo, de vos misma, para llevar a Dios y encontrarte también con Él en el encuentro con tu hermano. Hoy el Señor te llama para que llames a otros. Fijate qué cosa más linda el anuncio que nos hace el evangelio de hoy. Qué hermosa vocación la de saber que podemos hacer algo concreto por otro. Así que enamorate cada vez más del Señor y convertite en una mano tendida para los demás. Hoy te dejo este propósito concreto: fíjate con quién podés compartir vida, compartir la fe. Animate a eso: escuchá a alguien, tomate un mate, sentate con tu amigo a orar con la Palabra, rezá por ese que hoy está medio alejado y no te olvides de transmitir la alegría de un Jesús vivo y resucitado. Acordate que el testimonio verdadero no es decir lo que vos hiciste por Dios sino lo que el Señor hizo y sigue haciendo en tu vida.


Que tengas un buen día, y que la bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo te acompañe siempre. Amén.

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