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Mi travesía hacia la maestría del YOYO

Evangelio según San Marcos 6,30-34

P Sebastián García | 22/07/2018 | 1.085 vistas

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 

 

El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. 

 

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. 

 

Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. 

 

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. 

 

 

Palabra de Dios

 


 

P. Sebastián García sacerdote del Sagrado Corazón de Betharram 

 

 

 

“Ovejas sin pastor”. Es un término fuerte que se refiere sin lugar a dudas a una determinada cantidad de personas que se halla como perdida y no tiene un norte bien marcado, alguien que la anime y la aliente, alguien que se preocupe por ella, alguien que se anime a cargar con sus dolores y sus penas, alguien que se siente en sus mesas a compartir el vino y el pan. 

 

 

Jesús siente una gran compasión de la muchedumbre. Se le retuercen las entrañas de compasión. Se enternece su mirada y todo Él se ofrece a enseñarles y guiarlos. Se carga la vida de esa muchedumbre al hombro y sale a darle pelea a la muerte que parece instalarse en los corazones. 

 

 

“Ovejas sin pastor” como las muchedumbres de hoy, que por diferentes motivos sienten su vida y su fe amenazada, que sus derechos han sido violentados, humillados y manoseados, pisoteados en su dignidad y valía, sin acceso a las Tres T: Tierra, Techo y Trabajo…

 

 

“Ovejas sin pastor” como las muchedumbres de mujeres, cuyos derechos también son pisoteados, y se convierten en mercancía de consumo publicitario y sexual, trata de personas, abusos, maltrato, postergación; esa nena que ve como única opción salir a prostituirse en las zonas rojas de nuestras ciudades, que muchas veces buscamos ocultar, o aquella otra que ve en abortar la única opción a ese embarazo no deseado…

 

 

“Ovejas sin pastor” los pibes y pibas del paco que se consumen en cada pipa, en un volquete, en un tacho de basura como si la vida fuera algo que se puede descartar y ser tirada en la basura a costa de la riqueza de los transas y los mercaderes de la muerte de los barrios más periféricos, pero también de los más acomodados, con la noencia de un poder político que hace la vista gorda y mira para otro lado…

 

 

“Ovejas sin pastor” como la vida de tantos pueblos originarios y tantos agricultores y campesinos de nuestra patria, privados por supuestos terratenientes y estancieros que se creen dueños de la tierra y les impiden acceder a lo propio y genuino, ancestral y ganado, a la cultura del esfuerzo y del trabajo bien hecho y sobre todo, bien remunerado…  

 

 

“Ovejas sin pastor” como la muchedumbre que se olvidó del sentido trascendente de la vida, que buscan el más mínimo resquicio de religiosidad y caen en tantas trampas de la cultura hipermoderna del Consumo y del descarte, yendo detrás del último celular, el último par de zapatillas, la “mejor ropa de moda”, lo que se usa ahora, el auto cero kilómetro, el parecerse a modelitos que nos imponen desde afuera la publicidad, los medios y la televisión… 

 

 

“Ovejas sin pastor” como que se ha alejado de las iglesias por diversos motivos, o porque los hemos escandalizado, no hemos sabido estar a la altura de sus necesidades, a quienes hemos perseguido por su condición de vida o su orientación sexual, que tienen hambre y sed de Dios y lo siguen buscando…

 

 

“Ovejas sin pastor” como muchísimas de nuestras comunidades cristianas que se han olvidado del Evangelio y lo reemplazaron por otra cosa, lo endulzaron, o se volvieron laxos o extremistas, que reemplazaron a Jesús, el albañil de la palestina del siglo I por el otro que se parece al Rey de Roma, distinguido, rubio, de ojos celestes, manos finas que parecen escaparle al trabajo y al sol ardiente, que han puesto más en acento en la moral que en el amor y en la doctrina más que en la fe…

 

 

“Ovejas sin pastor” como mi propio corazón cuando siento que se queda vacío de la gracia de Jesús por porfías personales, ideas fijas, autorreferencialidad, egoísmo, autocomplacencia, enquistado corazón en el propio yo incapaz de mirar las necesidades de los demás, que se preocupa de la propia seguridad en la propia zona de confort…

 

 

“Ovejas sin pastor” como todos aquellos que hoy sentimos en este evangelio la necesidad de ser salvados por la Ternura y la Misericordia de un Dios que no se deja ganar en generosidad, que sale a encontrarnos, que nos transforma, nos cambia la mirada y nos hace ver las cosas de otra manera. 

 

 

Quizás sea eso lo que nos puede ayudar esta Palabra: a cambiar la mirar y aprender a ver con el corazón, como hace Jesús, y así romper prejuicios y moldes prefabricados que asfixian la vida y no la dejan ser, para poder ser la Iglesia que Jesús soñó; Iglesia de pastores para un mundo descreído que necesita cada vez más de la alegría del Evangelio, de la ternura del perdón, de la humanidad de un abrazo que nos sane y nos recomponga de las heridas que nos ha dejado la vida y el camino. 

 

 

Lindo domingo lleno de la luz resucitada de Jesús, ese mismo que se compadece de la multitud como ovejas sin pastor.   

 

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