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¿Cómo hacer realidad los sueños?

Mi travesía hacia la maestría del YOYO

Evangelio según San Marcos 9, 38-43, 45, 47-48

P Sebastián García | 30/09/2018 | 1.621 vistas

Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.» «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.» «Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar.Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga

 

 

Palabra de Dios

 

 

 

 

 


P. Sebastián García sacerdote del Sagrado Corazón de Betharram

 

 

 

 

 

 

 


El evangelio de hoy tiene dos grandes partes: la primera se refiere al escándalo y Jesús nos previene diciéndonos que antes de cometer un escándalo y escandalizar a alguno de los más pequeños sería conveniente, de modo figurado que cada uno de nosotros nos atáramos una piedra y nos tiráramos a un río; en el sentido de que más nos valdría la muerte, más nos valdría no haber nacido que cometer algún tipo de escándalo, antes que escandalizar a alguno de los pequeños.

 

La segunda parte habla de cosas muy específicas, que hacen también de alguna manera, de un modo de poder prevenir el caer en el escándalo. Habla concretamente de manos, pies y ojos que pueden llegar a ser motivo de pecado. Tanto que si uno considera que es un motivo de pecado más vale arrancarlos o cortarlos para entrar en el Reino Definitivo sin ellos, que con ellos “irse al infierno”.

 

 

Evidentemente este lenguaje Jesús es figurado y no lo tenemos que entender al pie de la letra. Lo tenemos que entender más bien en el plano de lo que son su Amor, su Ternura y su Misericordia: hay un Dios que quiere prevenirnos de que nuestra vida sea un infierno y que termine peor todavía. Y entonces nos hace a nosotros, justamente, para no caer en el escándalo, no escandalizar a otro y que nuestra fe no se pierda, hace que nosotros miremos, consideremos y examinemos nuestra vida de discípulo.

 

 

La lectura de hoy nos hace justamente no creer en Dios que genera temor y está esperando que nosotros nos equivoquemos para mandarnos al infierno, o un Dios que quiere que mutilemos parte de nuestro cuerpo a propósito para no seguir pecando, sino que quiere que nos metamos bien adentro de nuestra conciencia y en nuestro corazón, para ver cuáles son aquellas cosas que de verdad y en lo hondo, en lo profundo nos separaran del amor de Dios. Cuáles son las que vemos. Cuáles son las cosas que tocamos. Y cuáles son los caminos que nosotros andamos y que nos separan del amor de Dios. Cuáles son todas aquellas cosas que no tienen nada que ver con ese Sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros en el cual, justamente, cada uno de nosotros puede desarrollar, desplegando, descubriendo su propio originalidad.

 

 

El evangelio de hoy no se trata de cortar manos y pies o de arrancar ojos. El evangelio de hoy se trata de tener la valentía de poder mirar nuestra propia historia y nuestro propio corazón. Y con esa misma valentía pensar en las cosas que estamos haciendo y cómo está nuestra fe. Si somos o no somos indiferentes frente al sufrimiento del hermano, si pensamos solamente en nosotros mismos, cuáles son las cosas que anidan en nuestro corazón y si esas cosas se condicen con el ser discípulo; o si quizás estamos albergando otras cosas que nos separan, que nos aíslan, que nos distancian del Amor de Dios.

 

 

Hoy celebramos un evangelio que no es de condena sino justamente todo lo contrario: es un lindo evangelio para poner el corazón en remojo de la Misericordia. Es un lindo momento para mirar el fondo de nuestro corazón y a los ojos de la Ternura y de la Misericordia de Jesús poder ver la verdad en la que nosotros vivimos y la verdad en la que nos movemos. Poder analizar y reflexionar sobre las motivaciones que nos llevan a hacer lo que hacemos y luchar por lo que nosotros luchamos. Hoy es un día privilegiado para que te tomes un tiempo, para que mires tu corazón, para que te sigas haciendo las grandes preguntas acerca del sentido de la vida, para que podamos romper juntos ese “cerco” del propio yo y darnos cuenta que hay un “nosotros” que todavía está por construir: un nosotros que nos hace sujeto colectivo, que nos hace comunidad y que nos hace Iglesia. Pensemos en aquellas cosas que tocábamos, que miramos, que caminamos y que nos aleja justamente del plan que Dios pensó para cada uno de nosotros y cortémoslas, dejémoslas definitivamente de lado. No trancemos con aquellas cosas que por ser Muerte, nunca, jamás nos van a permitir tener la Vida de Jesús.

 

 

Hermano y hermana te deseo un muy lindo domingo a la luz de este evangelio y te abrazo fuerte en el corazón de Jesús.

 

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