Evangelio del Día


Evangelio según San Mateo 22,1-14

reflexión

Ideas que Inspiran

¡Aumenta mi Fe!

¡Ponete en acción y generarás un cambio!

¿Cómo hacer realidad los sueños?

Orando el Padre Nuestro con San Francisco

 


Parafraseado del Padre Nuestro:
 
 
Oh, santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro.
 
 
Que estás en el cielo: en los ángeles y en los santos; iluminándolos para que te conozcan, porque tú, Señor, eres la luz; inflamándolos para que te amen, porque tú, Señor, eres amor; habitando en ellos y llenándolos hasta la bienaventuranza, porque tú, Señor, eres el bien sumo, eterno, de quien procede todo bien, sin el cual no hay bien alguno.
 
 
Santificado sea tu nombre: Sea claro en nosotros tu conocimiento, para que conozcamos la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la sublimidad de tu majestad y la profundidad de tus juicios.
 
 
Venga tu reino: para que reines en nosotros por la gracia y nos hagas llegar a tu reino, donde tu visión es manifiesta, tu amor, perfecto, tu compañía, dichosa, el gozar de ti, eterno.
 
 
Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo: para que te amemos con todo el corazón, pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo a ti todas nuestras intenciones, buscando honrarte en todo y, con todas nuestras fuerzas, dedicando todas nuestras fuerzas y los sentidos del alma y del cuerpo en someternos a tu amor, y no a otra cosa; y amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos a tu amor, según nuestras fuerzas, , gozando del bien ajeno como del nuestro y sufriendo por sus males, sin ofender a ninguno.
 
 
Nuestro pan de cada día: tu amado Hijo , nuestro Señor Jesucristo, dánosle hoy: como recuerdo y entendimiento y reverencia del amor que nos tuvo, y de aquello que dijo, hizo y soportó por nosotros.
 
 
Y perdona nuestras deudas: por tu inefable misericordia, por la fuerza de la pasión de tu Hijo amado y por los méritos e intercesión de la bienaventurada Virgen y de todos tus elegidos.
 
 
Como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y lo que no perdonamos plenamente, haz, Señor, que plenamente lo perdonemos, de manera que amemos sinceramente, por ti, a los enemigos, e intercedamos devotamente por ellos ante ti, sin devolver a nadie mal por mal y buscando en ti de favorecerlos en todo.
 
 
Y no nos dejes caer en tentación: oculta o manifiesta, repentina o habitual.
 
 
Mas líbranos del mal: pasado, presente y futuro.
 
 
Amén
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