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Día 13: Jesús camina a Jerusalén

San Ignacio, en su propuesta, nos invita a caminar con Jesús para identificarnos con Él. Seguimos tratando de conocerlo internamente, para más amarlo y seguirlo. Todos queremos conocer y amar a Jesús, seguir sus enseñanzas o quizás algunos no creen tanto pero respetan y siguen a algunos cristianos que consideran ejemplo. En ese entusiasmo por seguir a Jesús hay modos y modos. Algunos tienen que ver con su estilo y sus criterios, y otros son más buenas intenciones que terminan haciéndonos vivir lejos de Cristo. Sabemos que podemos enmazcararnos por eso meditamos en las dos banderas estos dos reinos.


Caminamos con Jesús adentrándonos en el evangelio: cómo Él anuncia, como toca, cómo cura en esos lugares despreciados físicos e interiores, en esos caminos donde hay muchos hermanos tirados y olvidados. Quizás nosotros mismos vivimos esta marginación o descarte. Caminamos con Él y pedimos conocerlo internamente.


En ese entusiasmo, sabiendo que hay posibilidad de engañarnos, Ignacio nos propone dos aspectos a tener en cuenta de engaños sutiles: Cuando una consolocación nos viene sin causa y de golpe y excede lo que esperábamos, es seguramente de Dios. Si en cambio este sentimiento que nos aborda proviene de alguna consecuencia, no necesariamente viene de Dios este sentimiento aparentemente agradable. Por eso es bueno ver cómo termina ese pensamiento o sentimiento primero: ¿termina en algo mejor o en algo menos bueno, que distrae y saca del camino?. En este caso seguramente no es de Dios.


Hoy vamos a agregar una nueva regla de discernimiento: fijarse si aquello que siento o pienso me agarra en un momento de fervor y lucha... si entra como en una gota en esponja, sencillo, que se va aclarando el camino entonces muy probablemente es del buen espíritu. En cambio si ese pensamiento o sentimiento entra haciendo ruido y nos inquieta, probablemente no sea del buen espíritu porque es estrepitoso. Si estoy medio confundido, el mal espíritu va a entrar por su casa, desviándonos, distrayéndose. Pero si es el buen espíritu va a intentar sacarnos de ahí, movilizarnos. Mucho depende de cómo venimos estando, y qué nos empieza a pasar. Es importante escucharnos con atención.


En éstos días que caminamos con Jesús, miramos lo que hacen y escuchamos lo que dicen, vamos a empezar a sentir cosas y es importante prestarles atención e ir diferenciando si son del buen espíritu o no. Si vengo caminando decidido en seguir a Jesús el buen espíritu va a sentirse como en casa, en cambio el mal espíritu va a venir agitando. Si estoy al revés, indeciso, confundido, el mal espíritu va a entrar en casa despacito proponiendo cosas que nos saquen del camino; el buen espíritu intentará despertarme para que me de cuenta que estoy siendo confundido. Vamos a pedir en este día luz para que al conocer a Jesús podamos crecer en Él conforme a su manera y estilo. Que nos dejemos llevar en el corazón por el buen espíritu que nos anima.

 

Jesús va decidido a Jerusalén

 

En la propuesta de hoy, seguimos caminando con Jesús y vamos a Mc 9 al 13. En éstos capítulos, el evangelista nos ayuda a transitar con Jesús en ocasiones con un matiz distinto al que veníamos. Para Marcos, como para Mateo y Lucas, cuando Jesús se transfigura es un signo que supone un cambio. Ahora su misión es ir a Jerusalén y enfrentar lo que viene, llevando al extremo su predicación. San ignacio ya nos lo dijo, que seguirlo supone aceptar las dificultades y las luchas, que aquello que amar al enemigo es en serio, y supone un servicio. Jesús sabe que va camino a un drama, por eso anuncia la pasión.

 

Nosotros nos ponemos con Jesús en marcha hacia Jerusalén. Es la lenta marcha entre la Tranfiguración hasta entrar a Jerusalén con momentos antes de la pascua, bien agitados y polémicos. Éste es un Jesús que no viene a traer la paz sino la guerra, es decir que viene a sacar afuera los conflictos, confrontaciones. El reino de Dios crece así, como el trigo y la cizaña, en medio de las polémicas de los hombres, porque Dios no elude la realidad de los hombres sino que la asume. Jesús asume nuestra realidad y nos dice que el amor es más fuerte, y más grande que los conflictos. Somos más que los conflictos. Como el Papa Francisco que en su exhortación dice que la unidad supera los conflictos.

 

Vamos a caminar con Jesús y vamos a sentir desconcierto, la admiración y a veces la incertidumbre que tienen los discípulos. Porque así es nuestra vida y nuestro caminar con Jesús: muchas veces no entendemos, y nos ponemos frente a situaciones que nos dan alegría y paz, y a veces quedamos en vilo. Así va a ser esta marcha. Contemplemos a Jesús que marcha a Jerusalén y tomemos alguna imágen o pasaje que nos ayude a encontrarnos con este Jesús que camina sobre las brasas, en medio de nuestros problemas. Jesús se mueve entre las polémicas, los chismes y los comentarios... y todo eso forma parte de nuestras vidas, y Jesús viene con nosotros.

 

Jesús va a mermar un poco sus milagros y va a ampezar a bajar enseñanzas fuertes y pedirle a sus discípulos que se definan. Va a seguir teniendo gestos de amor y caridad, pero Él va decidio a Jerusalén. En éstos pasajes en que Jesús ha mostrado en la tranfiguración lo que en verdad es, advierte que es necesario bajar a lo de todos los días. Aparece la noche, la cruz y la muerte. Jesús ve más allá. Y nosotros queremos aprender de Él.

 

 

Algunos pasajes que pueden servir

 

“¿Si puedo? Todo es posible para el que cree”, dice Jesús. A veces nos acercamos a vivir un momento dramático para nosotros donde más necesitamos de la fe y de entregarnos en los brazos de Dios. Jesús dice que hay demonios que sólo salen a fuerza de oración y de penitencia, privándonos de las superficialidades para metenernos en lo profundo. Nunca Jesúes había hablado tan fuerte a sus discípulos, reaccionando frente a la respuesta de los discípulos. En seguida, mientras ellos pelean, dará su enseñanza sobre quién es el más importante. “El que no se hace como niño....” El llamado del Papa a la humildad, sobretodo a los sacerdotes, que nos pega bien fuerte a todos, nos lalma a la humildad como Jesús. Hacerse como niños, en serio. Eso no significa que no haya autoridad, roles, responsabilidad, el tema es que eso no puede ser para la propia vanidad sino para el servicio. Las palabras de Jesús son contundentes y nos hace bien. Él nos llama a ser contundentes frente al pecado. “Si es motivo de pecado arráncalo”. No privilegies nada de vos que ni te haga bien ni haga bien a otros.


Así también Jesús es tajante con el amor cuando nos comprometemos con alguien para compartir la vida. No hay que dejarse llevar por los caprichos y vaivenes del deseo así nomás, sino que el amor es algo mucho más grande. Es un dejar mi casa y mis padres, por una promesa mucho mayor. Pensar y repensar el vínculo y el compromiso. No dejarse llevar por las circunstancias, y si hay algo que no ves, hablablo antes.

 

Jesús también se encuentra con aquel que quería ser bueno y lo era, pero que le costaba mucho dejar sus seguridades. El joven rico que no pudo soltar sus seguridades por seguir a Jesús. La esperanza implica entrega, la apertura del sol de la profundida de mi vida implica dejar algunas cosas... Eso no quiere decir venderlo todo, sino que en mi corazón tomo distancia de todo y lo pongo a Jesús en el centro. Es la invitación que nos hace Jesús a nosotros que también tenemos alguna riqueza guardada y que estamos aferrados. Que nos llegue su luz al corazón y podamos ver a qué estamos aferrados. Dejá que te resuene dentro. Rezar es abrir el corazón para que Dios entre con su verdad. Necesitamos remojar el alma para que se esponje y pueda ser bien cocinada por el espíritu.


Jesús sana un ciego antes de entrar en Jerusalén. Somos todos ciegos en el camino y lo lindo es poder llamarlo, estar atento a su paso y decirle: “Señor quiero ver”. La fe nos va a ayudar a ver. Ver a Jesús en las circunstancias de cruz en nuestras vidas es doloroso. Pero Él nos invita a animarnos a ver con la fe, ir más allá de la desilución y del optimismo. Tenemos necesidad de que Él nos haga ver que detrás de momentos agradables y supuestamente triunfales, como la entreda a Jerusalén, hay una cruz, y detrás de las cruces en donde sólo aparece el dolor viene la gloria.


Seguimos la marcha a Jerusalén y entramos con Él, que para nosotros es el comienzo de la Semana Santa. Ahí Jesús tendrá palabras fuertes y contundentes: echará a los mercaderes del templo, maldecirá a la higuera estéril. ¿Damos frutos? En los momentos de dificultades saldrá lo peor y lo mejor, y es bueno que intentemos que reine lo mejor. Echemos los vendedores de porquerías que tenemos en el corazón, los falsos cambistas y comerciantes que nos quieren vender cosas que no nos sirven desde dentro del corazón.


La parábola de los viñadores como muestra de la maldad: por más que venga el hijo del dueño de la viña lo matarán. Él nos previene de la maladad que forma parte de nosotros. Desenmascarar nuestras maldades.


Jesús nos va a decir que Dios es un Dios de vivos no de muertes. Es un Diso cálido y vivo, donde la vida vale mucho más que la muerte, donde el amor debería ocupar toda nuestra energía y no el egoísmo y las mezquindades. ¿Será ingenuo este Dios?. La fe nos va a decir la verdad. Abrir el corazón a su verdad.


Amar con todo el corazón, toda la mente, todo lo mejor de sí mismo. Que lindo escuchar esto de Jesús cuando sabe que todo, supuestamente, va a terminar mal. SIn embargo Jesús nos pone su enseñanza central en el momento en que va a perderlo todo. Que bueno escuchar eso cuando nosotros también sentimos que todo se termina. No perder el horizonte en el dolor, sólo la oración nos lo puede conceder. Caminar con Jesús a esta Jerusalén donde no va a escatimar esfuerzo, a la confianza ni a la fuerza con la que Él se mueve y acepta su destino. Nos adentraremos a la pasión, pero necesitamos hacerlo con este Jesús que todos los días, viendo lo que va a suceder, no merma sino que acentúa la energía, la fuerza y la fe que lo mueve. No pone el acento en cosas que le van a traer “popularidad” sino en lo que tiene qe hacer. No es por orgullo, para hacer el fuerte ni el ortodoxo, sino en el cumplir la voluntad de su Padre. ¿Me va a traer dificultad con mis hijos decir lo que creo y lo que tengo que decirle? Jesús que camina a Jerusalén me va a acompañar. ¿Sin ser orgullosos decir lo qe tengo que decir en medio de mis amigos? Lo digo y lo hago porque Jesús lo hace, por más que no me traiga las mejores consecuencias.


Ignacio nos va a hacer pedirle a la Virgen, al Padre y a Jesús, que podamos seguirlo de cerca y tener sus sentimientos. A María que nos acerque a Jesús, quizás con la misma modestia de ella, o con lo impulsivo de Pedro, o con el ejemplo de muchos santos que nos muestran esa marcha a Jerusalén en sus propias vidas: Brochero con su lepra, San Ignacio como otros santos con con enormes dificultades y despojos, muchos santos con su martirio. Que el Señor nos conceda la gracia de amar más y poder seguir su marcha en nuestra propia vida.

 

 

Para tener en cuenta

 

La contemplación es una gracia, un don que viene gratuito del cielo en donde Dios actúa más allá de nosotros mismos. Cuando hablamos de contemplar es ver lo que Dios obra y hace, y seguir ese paso por nuestra vida. Para poder ver y contemplar, necesitamos la intervención de Dios. Por eso se lo pedimos a Dios.

 

Los días sábados y domingos, hacemos alguna repetición de los ejercicios. Allí donde encontré gracia ahondar. Y el otro motivo por el cual elijo alguna meditación, es donde no pude rezar porque fui tentado. Repetimos por presencia de gracia o porque hubo tentación, para poder sacar provecho y pedirle a Dios que nos permita entrar en contacto con su don en cada oración.

 

 Padre Fernando Cervera sj

 

Resumen del ejercicio

+ Ponerse frente a la mirada de Dios

+ Pedir gracia de "interno conocimiento de nuestro Señor Jesucristo para más amarlo y mejor servirlo".

+ Materia: Marcos del capítulo 9 al 13. Contemplemos a Jesús que marcha a Jerusalén y tomemos alguna imágen o pasaje que nos ayude a encontrarnos con este Jesús que camina sobre las brasas, en medio de nuestros problemas.

 

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