Día 18: Los brotes de la resurrección

11/04/2014 - Vamos transitando los momentos más clave en la vida de Jesús. En el ejercicio de hoy intentaremos descubrir los pequeños brotes de su resurrección.


Estamos viviendo estos misterios culminantes de la fe y también de los ejercicios, como nos lo propone Ignacio, para que nuestra fe y experiencia de Dios se nos confirme y plenifique. Hasta ayer meditamos la pasión, misterio de amor que siempre nos va a cuestionar, no sólo con los textos bíblicos sino cuando aparecen los fracasos y contradicciones en nuestras vidas, cuando vemos las injusticias y dolores, nos sentimos débiles y vulnerables. Cristo en su pasión está ahí y es mi misión para mi felicidad y la de los demás vivirlo desde la pasión conforme la gracia con la que Dios me ayude. Pero también decíamos, como nos recuerda el Papa Francisco, que estos son brotes de algo nuevo.


La pasión nos lleva a la resurrección y no podemos entender una sin la otra. Queremos empezar a considerarla a través de pequeños brotes. Es una imagen fuerte en el evangelio: aquello de que el reino de los cielos es como un grano de mostaza o de trigo, la vid que tiene los sarmientos, “he venido para que tengan fruto y lo tengan en abundancia”, la parábola del trigo y la cizaña, la higuera estéril... A lo largo de los evangelios, Jesús nos muestra que hay un proceso de vida que nosotros no vemos pero que es la realidad, profunda y fuerte, y en la que debemos poner nuestra esperanza. La pasión es el momento culminante donde empieza a brotar y nos cuesta ver ese brote, pero tenemos que creerlo porque aparecerá en plenitud en la resurrección. Allí veremos que todo aquello doloroso da un fruto en Dios que lo podemos ver pero que necesitará una fuerza de fe que tenemos que pedir. No hay evidencias ni certezas ciertas, pero el cristiano tiene su certeza en lo que vive. La fe lleva a vivir la certeza. Vivo el camino que el Señor me señaló y no puedo dudar de ese camino. Espero desde ahí, confiando en el Señor. La fe me permite ver cuando el panorama no es claro.


 

Dejarnos alegrar por la vida que brota

Por eso Ignacio nos hará pedir que podamos ver la luminosidad de Dios y que hagamos todo el esfuerzo y pidamos la alegría de un Cristo gozoso. El gozo es el punto de un nuevo comienzo, una nueva humanidad donde Ignacio nos hace recomenzar nuestra vida. Desde este resucitado vamos a recomenzar y revivir los ejercicios y la vida, pero mirándolo desde la compañía de Dios. Como Jesús a los discípulos de Emaús que no iba tras los brotes, sino tras los yuyos, por eso Jesús los hace volver.


En el número 276 de su exhortación “La alegría del Evangelio”: “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo. ”


Francisco een el 279 de la exhortación nos dice que “como no siempre vemos esos brotes, nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos, porque «llevamos este tesoro en recipientes de barro» (2 Co 4,7). Esta certeza es lo que se llama «sentido de misterio». Es saber con certeza que quien se ofrece y se entrega a Dios por amor seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5). Tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida. A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida. Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca”.


 

Un Dios que se nos adelanta

Bellas y claras palabras del Papa Francisco. Tenemos todo con la mayor amplitud en lo más pequeño que podamos realizar y ese es el ánimo que nos invita a dejarnos abordar por la resurrección.


También tomaremos algunas imágenes del final de los evangelios, la que prefieres y más te interpele. Puede ser a partir de Mt 28, Lc 24 o Jn 20. En todo podés ver estas escenas donde aparece Jesús luminoso que se ve en cosas pequeñas, brotes cuyas consecuencias sólo Él puede dimensionar. ¿Quién iba a decir que en ese país tan chiquito iba a ser el brote de algo tan grande, de una presencia tan inmensa en el mundo? Lo que vos hagas con el brote si se identifica con el del crucificado tiene certeza de amor, y Dios hace brotar mucho más alla de lo que queremos en la forma y el tiempo que Él quiere. Ese Jesús luminoso se nos presenta luminoso y con gloria. Él hace de la puerta de la tumba una puerta de encuentro. Ellas van a buscar un muerto en donde van a encontrar una puerta abierta.


“Se a quien buscás, Él irá adelante. Allí lo vereís”. El resucitado va siempre adelante, nos gana porque es lo que todavía no se vió pero que va a ser. Es el entusiasmo, la fuerza que nos da el mirar hacia adelante, y sobre todo cuando lo vivimos en la solidez de las pequeñas cosas hechas con amor. A veces en el camino las mezquindades y las envidias hacen que pierdan fuerza esos pequeños brotes.

Así donde algunos creyeron porque el muerto no estaba, otro no hacían más que seguir encendiendo su odio: los fariseos pagan para que los soldados digan que se robaron el cadaver. El no ver los signos, que de hechos nunca vieron, más que los que ellos mismos querían fabricar. Los brotes no siempre se ven, y menos si estamos negados a que aparezcan.


 

Padre Fernando Cervera sj

 

 

Resumen del ejercicio


+ Ponerme frente a la presencia de Dios


+ Petición: "Gozarme internamente por tanto gozo y alegría de Cristo resucitado"


+ Materia: elegir alguna escena de Jesús resucitado


+ Coloquio


+ Exámen de la oración

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