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Evangelio según San Juan 1,29-34

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Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

 

Palabra de Dios

 


 

P. Gustavo Gatto sacerdote de la Diócesis de Villa Maria

 

En el Evangelio de hoy tenemos a Juan Bautista, que viendo que Jesús se acercaba le dice a sus seguidores, a sus discipulos este es el Cordero de Dios el que quita el Pecado del mundo, al Él tienen que seguir.

 

Esta escena del Evangelio en este tiempo también del Adviento que pasó en el mes de diciembre ,dónde reflexionabamos sobre la figura de Juan Bautista, me hace pensar a mí en la referencialidad absoluta que tenía Juan sobre Jesús. Toda la Vida , la misión,la vocación, el actuar y el decir de Juan Bautista estaban referenciados a Jesús. Tal es así que Juan no tuvo ningún problema que dejar que sus discípulos y seguidores lo dejen y vayan con Jesús.

 

Cuantos de nosotros, a veces, en la vida cotidiana tenemos tantos gastos de energía, tantas luchas, por tener adeptos en los grupos, por que nos siguen, por que nos respetan.

 

Juan que tenía muchos seguidores, tenía tan claro que Jesús era el Salvador y que él sólo era el profeta que anunciaba, que viéndolo a Jesús, solo a Él tienen que seguir.Entonces, en esta figura de Juan, ojála que cada uno de nosotros también no esté centrado en sí mismo, sino que Jesús se aleje y que toda nuestra vida, todo nuestro decir y que también como comunidad y como Iglesia estemos referenciados a Jesús.

 

Cuando dejamos de mirar a Jesús, estamos en problemas. Cuando como comunidad dejamos de mirar a Jesús y de anunciarlo, empezamos como quien dice a mirarnos el pupo y ahi entramos en problema. Que Juan nos regale esta referencia permanente y absoluta con Jesús.